Más de 140 años de historia en riesgo el Club Esperanza merece protección de las autoridades del pueblo y la sociedad civil que sea declarado patrimonio histórico nacional

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Mientras la ciudad sigue creciendo, cada vez quedan menos huellas de nuestro pasado y el emblemático Club Esperanza merece ser protegido antes de que sea demasiado tarde.

San Francisco de Macorís/Jose Valdez,  la serie 56  es de una ciudad orgullosa de su historia, de sus hombres y mujeres ilustres, de sus luchas sociales y de sus aportes al desarrollo de la República Dominicana. Sin embargo, resulta contradictorio que mientras hablamos de nuestra historia, poco a poco hemos permitido que desaparezcan los lugares donde esa historia fue escrita.

Uno de esos lugares es el Club Esperanza, una institución fundada el 16 de febrero de 1884 por la Sociedad Esperanza Macorisana, convirtiéndose en uno de los símbolos más importantes del desarrollo cultural, educativo y social de nuestro pueblo.

Durante más de 140 años esta institución ha formado parte de la identidad francomacorisana sus salones fueron escenario de encuentros culturales, actividades educativas, conferencias, eventos sociales y hasta el rumor de la famosa galleta que una de las hermanas mirabal le dio a trujillo y muchos  momentos que forman parte de la memoria historica de varias generaciones.

Sin embargo, el paso del tiempo y la falta de una protección oficial adecuada mantienen en incertidumbre y el futuro de una de las edificaciones históricas más importantes de San Francisco de Macorís.

No es un secreto para nadie que el terreno donde se encuentra ubicado el Club Esperanza posee un enorme valor comercial por su estratégica ubicación en pleno centro de la ciudad. A lo largo de los años han surgido diversos comentarios y propuestas económicas sobre el interés de inversionistas y empresarios de adquirir el clud esperanza para proyectos comerciales e incluso se a hablado de su demolición tal y como pasó con el cine carmelita

Y es precisamente ahí donde surge una pregunta obligatoria ¿Qué estamos haciendo para proteger nuestra historia?
Si observamos el centro histórico de San Francisco de Macorís, cada vez son menos las edificaciones antiguas que permanecen en pie.

Muchas casas históricas han desaparecido para dar paso a modernas construcciones. Algunas fueron demolidas, otras modificadas hasta perder totalmente su esencia original y muchas terminaron siendo olvidadas.

Lo más preocupante es que entre esas edificaciones desaparecidas o alteradas se encontraban inmuebles vinculados a personalidades que dejaron huellas importantes en la historia local y nacional como un ejemplo la casa de porfirio rubirosa.

Como ciudad, debemos reconocer que tanto las autoridades como la propia sociedad hemos permitido que poco a poco se borren páginas completas de nuestra historia arquitectónica y cultural.

Mientras otras ciudades del país preservan sus centros históricos como tesoros culturales, en San Francisco de Macorís hemos visto desaparecer gran parte de nuestro patrimonio sin que existan políticas firmes de protección.

Por eso ha llegado el momento de abrir un debate serio sobre la necesidad de declarar el Club Esperanza como Patrimonio Nacional de la República Dominicana.

Los argumentos sobran.

Fue fundado en 1884. Posee más de 140 años de existencia. Es una de las pocas edificaciones históricas que sobreviven en el entorno del Parque Duarte. Forma parte de la identidad cultural de generaciones de francomacorisanos y
representa un importante patrimonio arquitectónico, histórico y social para toda la región Nordeste.

Incluso segun investigaciónes en el año 2024 fue reconocido por el senador Franklin Romero quien califico  al clud esperanza como un patrimonio arquitectónico de la ciudad al solicitar formalmente en el congreso al presidente de la República Luis Abinader su remozamiento y preservación.

A nuestro entender laa protección del Club Esperanza no debe verse como una simple reparación de un edificio antiguo. Se trata de proteger una parte fundamental de la memoria historica de San Francisco de Macorís.

Porque cuando desaparece una estructura histórica, no desaparecen solamente paredes y techos. También desaparecen recuerdos, tradiciones, identidad y parte de la historia que heredarán nuestras futuras generaciones.

Desde su fundación en 1884, el Club Esperanza ha sido parte de la vida de múltiples generaciones de francomacorisanos. Lo que comenzó como una institución dedicada a la educación, la cultura y el desarrollo social terminó convirtiéndose en uno de los escenarios más importantes de la historia de San Francisco de Macorís.

Nuestros abuelos disfrutaron de sus actividades culturales y sociales. Nuestros padres vivieron allí bailes, encuentros y momentos que marcaron su juventud. Y mi generación también tuvo el privilegio de crear recuerdos inolvidables dentro de sus salones.

Al recordar aquellos años me invade la nostalgia por  fue en el Club Esperanza donde los hermanos Romeo iniciaron las famosas fiestas Time To Remember y las inolvidables noches de Limit 24. Allí se reunían amigos, familias y jóvenes de toda la provincia para compartir momentos que hoy forman parte de la memoria colectiva de una generación completa.

Por sus pasillos han transitado miles de personas durante más de 140 años. Historias de amor , amistades, celebraciones, eventos culturales, actividades benéficas y encuentros sociales que forman parte de la identidad de nuestro pueblo.

Por eso el Club Esperanza no pertenece únicamente a quienes lo administran ni a una generación en particular pertenece a la historia de San Francisco de Macorís y es uno de los lugar donde varias generaciones han dejado parte de sus vidas y donde todavía sobreviven recuerdos que ningún edificio moderno podrá reemplazar jamás.

Cuando hablamos de proteger el Club Esperanza no estamos defendiendo solamente una vieja estructura. Estamos defendiendo más de un siglo de recuerdos, tradiciones y vivencias que ayudaron a construir la identidad de nuestra ciudad.

Todavía estamos a tiempo de evitar que otra página de nuestra historia termine convertida en un recuerdo que será olvidado en poco tiempo entonces la pregunta es si tendremos como sociedad y los funcionarios la voluntad de hacerlo.


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