
San Francisco de Macorís/Jose Valdez, en nuestro pueblo se vivió una huelga de 48 horas que, lejos de la adrenalina y el caos acostumbrados, pasó sin pena ni gloria.
Lo que en otros tiempos era un evento cargado de tensión y enfrentamientos, esta vez se sintió apagado, sin la chispa de protesta que solía caracterizar a la ciudad. De hecho, en toda la jornada solo una sola goma fue encendida, un gesto simbólico que dejó claro que esta huelga esta perdiendo la fuerza y tradición de antaño.
Las calles, que en huelgas anteriores eran trincheras improvisadas con neveras viejas, basura acumulada y neumáticos en llamas, esta vez lucieron mas limpias que con la misma visita del Presidente.
Tampoco se sintió la clásica batalla entre manifestantes y agentes policiales. No hubo pedradas, no hubo el humo blanco de las bombas lacrimógenas, no hubo los estruendos de escopetas ni los casquillos regados en las calles.
Pero lo más impactante fue la ausencia del gran "cierre de oro". Como es tradición, a las 5:45 de la tarde debía sonar el icónico pito, la señal que marcaba el inicio del último enfrentamiento, donde los manifestantes y la policía libraban su batalla final en una despedida cargada de adrenalina.
Sin embargo, esta vez el pito sonó, pero no pasó nada.
Por si fuera poco, otro elemento clave de las huelgas en San Francisco también faltó: la reunión con las autoridades.
En ocasiones anteriores, ministros y funcionarios bajaban desde la capital para mediar en el conflicto, un proceso que siempre iniciaba con una marcha de los grupos populares desde la parte alta de la ciudad hasta los salones del Ayuntamiento o la Gobernación. Esta vez, no hubo marcha, no hubo negociaciones, no hubo discursos.
Y para cerrar con broche de decepción, tampoco sonó la trompeta de la "Última Noticia" de Hibi Radio 1070 AM, ese toque final que anunciaba el desenlace de la huelga y servía como sello de los acontecimientos.
La falta de intensidad en la protesta ha dejado opiniones divididas. Algunos aseguran que la población ha perdido el interés en este tipo de manifestaciones, otros creen que las autoridades optaron por una estrategia de indiferencia para restarle impacto, y hay quienes opinan que la huelga nació débil desde el principio.
Lo cierto es que, con solo una goma encendida, sin enfrentamientos, sin la esperada reunión con las autoridades y sin el estridente sonido de la trompeta de Hibi Radio, esta huelga en realidad dejó una sensación de vacío.
Esta fue una huelga sin alma, sin emoción, sin la esencia que, para bien o para mal, solía caracterizar las protestas en San Francisco de Macorís y no queda mas que decir como cambian los tiempos.