"No es como se comienza, es como se termina" la administración de Roberto Marte a juicio de la historia y su palabra

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Un currículo académico y político no es bastante cuando las promesas se amontonan, los resultados escasean, y la historia termina por cobrar a aquellos que no cumplen su palabra.

San Francisco de Macorís/Jose Valdez , La historia ha sido inequívoca, obstinada con los que han ocupado cargos de autoridad: no los evalúa por su origen, sino por cómo se despidieron. "No es como se empieza, sino como se acaba", afirmó Roberto Marte en una ocasión. Ahora, esa frase vuelve como un reflejo inquietante para una administración que anticipó cambio y concluye generando más interrogantes que éxitos.

Roberto Marte accedió a la dirección de la UASD Recinto San Francisco de Macorís con el respaldo de una trayectoria política y educativa que varios consideraron admirable.

Se conversó sobre experiencia, sobre la capacidad gerencial, sobre la visión académica, y tambien sobre compromiso institucional. Pero, el tiempo demostró claramente que un currículo no dirige, y las palabras sin hechos son lastre.

Durante su gestión, el recinto, se convirtió en palco frecuente de protestas estudiantiles, paros, conflictos internos y reclamos públicos.

La escasez de profesores, falta de secciones, la débil planificación académica y el deterioro de servicios básicos se denunciaron mucho. Esto, no son aislados episodios, si no una crisis continua, revelando una administración que no puede ofrecer soluciones efectivas.

El filósofo romano Séneca avisaba, “más vergonzoso que mentir es faltar a la palabra dada”. En la UASD SFM, la palabra se repitió demasiadas veces sin cumplirse. Mejoras, reorganizaciones, fortalecimiento académico, y la estabilidad institucional se anunciaron, mas los resultados, ¡nunca fueron lo prometido!

En cuanto a obras, la gestión, normalmente muestra como logro mayor, la construcción de un techado.
Una obra, sí necesaria, pero, eso no basta para justificar años al frente.

La universidad, no se mide sólo con edificios, con una estructura física separada si no con su calidad académica, su ambiente institucional, la confianza que tiene su comunidad. El balance, es pobre cuando un techo es lo único tangible, mientras el sistema educativo debajo se sigue quebrando.

Tucídides, el historiador, escrbio: “la causa de los males más grandes no es la ignorancia, sino el engaño.” En este caso, el problema no fue la falta de diagnósticos; fue la repetición de promesas nunca cumplidas. Prometer y no cumplir, no es un error admininistrativo es una traición moral a quienes creen, a quienes esperan y confian.

Hoy, la tranquilidad que el recinto aparenta, no es sinónimo de estabilidad, pero sí de agotamiento. Muchos callan no porque estén de acuerdo es por cansancio. Pero la historia lo enseña quienes hoy callan, seran mañana, los primeros en contar lo ocurrido cuando el poder ya no protege ni silencia.

Nicolás Maquiavelo alertaba, “los hombres olvidan más fácilmente la muerte del padre que la pérdida del patrimonio.”
En la universidad, lo más valioso es la educación… y el tiempo que se va.

Cada semestre mal gestionado, toda asignatura no enseñada, cada promesa que se queda en el aire, deja su marca indeleble, una que ni con palabras se quita.

Al final, a Roberto Marte se le recordará no por cómo empezó, ni por lo que dijo que haría, tampoco por las palabras bonitas, sino por lo que DE VERDAD hizo. Y la historia, ¡ah!, ella no acepta excusas y frecuentemente es cruel con aquellos que cambiaron hablar por logros.


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