La humillación de la dignidad laboral: el camarógrafo como símbolo del menosprecio institucional, que abusador eres curita

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San Francisco de Macoris/Jose Valdez En un acto que trasciende los límites del decoro y atenta contra la dignidad de la labor comunicacional, hemos presenciado un hecho que merece no solo el rechazo categórico de la sociedad, sino también una reflexión profunda sobre la degradación ética de las estructuras de poder en nuestro país.

El director de comunicación del Partido Revolucionario Moderno (PRM) en esta ciudad, el señor Ramón Díaz, conocido en círculos cercanos como "el Curita", ha protagonizado una acción que sintetiza en su forma más cruda la servilismo institucional y el ejercicio de la manipulación simbólica: la entrega de dos mil pesos a un camarógrafo como si se tratara de una limosna, en un intento desesperado por congraciarse con el presidente del partido, Olmedo Caba.

Este acto, aunque pueda parecer nimio a simple vista, no es más que una representación tangible del deterioro de los valores fundamentales que deben regir la relación entre los actores políticos y los profesionales de la comunicación. El camarógrafo, figura esencial en la construcción de la narrativa visual que alimenta el imaginario colectivo, ha sido reducido a un objeto de caridad, despojado de su dignidad profesional y tratado como un simple receptor de migajas simbólicas.

Lo que aquí se manifiesta no es solo una cuestión de abuso económico, sino una afrenta a la integridad del oficio periodístico. La acción de "el Curita" no busca sino perpetuar una lógica de poder basada en la explotación y el servilismo, donde la dignidad es negociada por pequeñas dádivas y los profesionales son relegados al papel de simples peones en el tablero de intereses partidarios.

Nos preguntamos, entonces: ¿Qué clase de ética puede justificar que un profesional de la comunicación, cuyo trabajo es esencial para la transparencia y la democracia, sea tratado con tal menosprecio? ¿Dónde queda la dignidad del trabajo?

Exhortamos a las autoridades del PRM, y en particular a Olmedo Caba, a reflexionar sobre este hecho vergonzoso y a tomar medidas que reivindiquen no solo la dignidad del camarógrafo afectado, sino también la de todos aquellos que, desde el anonimato, sostienen el engranaje informativo de nuestra sociedad.

La dignidad no tiene precio, y menos aún puede ser comprada con monedas que solo reflejan la pobreza ética de quien las ofrece esperamos que cuando el curita leas esto lo hagas acompañado de un Napoleón para que puedas interpretar y filosofar tus actos


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