¿La boda del año de SFM seria entre  dos hombres ?

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Respetar decisiones personales no obliga a aceptar la normalización pública de actos que chocan con la cultura, la ley y el consenso social dominicano.

San Francisco de Macorís/Jose Valdez, La reciente boda entre dos hombres, entre ellos el doctor Paúl Izzarry, ha sido presentada por algunos sectores como un acto de amor, valentía y progreso. Sin embargo, reducir el debate a consignas emocionales es una forma cómoda de evadir la discusión de fondo.

En LosMacorisanos.com dejamos algo claro desde el inicio respetamos la decisión y la inclinación personal de cada ser humano. Nadie debe ser perseguido, humillado ni violentado por su forma de pensar o vivir. Pero una cosa es el respeto individual y otra muy distinta es convertir una boda en un acto público con carga política, simbólica y mediática.

Aquí no se está juzgando a personas por lo que sienten o por cómo deciden llevar su vida privada. El punto crítico es otro  cuando una unión que no está reconocida por el marco constitucional y legal vigente se exhibe como si fuera un hecho normalizado, celebrado y promovido públicamente, deja de ser un asunto íntimo y pasa a convertirse en una provocación social deliberada.

La República Dominicana tiene una Constitución clara, leyes claras y una cultura históricamente definida en torno al concepto de familia y matrimonio. Eso no convierte automáticamente a la sociedad en intolerante ni atrasada. Lo que sí resulta problemático es intentar imponer cambios profundos mediante hechos consumados, presión mediática y acusaciones morales contra todo el que ose disentir.

Respetar no significa aplaudir. Tolerar no significa callar. Y discrepar no equivale a odiar. En una democracia real, el debate se da con argumentos, con procesos legales y con consultas amplias, no con actos simbólicos diseñados para generar titulares y forzar una aceptación social que todavía no existe.

Cuando figuras con visibilidad pública, como profesionales reconocidos, se convierten en estandartes de estas agendas, el mensaje deja de ser personal. Se vuelve político. Se vuelve ideológico. Y pretende marcar territorio en una sociedad que no ha sido consultada ni ha decidido colectivamente dar ese paso.
El problema no es que dos adultos decidan convivir, amarse o compartir su vida.

El problema es usar la figura del matrimonio, que en el país tiene una definición jurídica y cultural específica, como instrumento de presión social. Eso no construye consenso, lo rompe. No educa, provoca. No integra, polariza.

Además, se ha vuelto una práctica peligrosa descalificar automáticamente como “retrógrados”, “ignorantes” o “intolerantes” a quienes plantean objeciones desde la fe, la cultura, el derecho o la simple convicción personal. Esa actitud es profundamente contradictoria: se exige respeto mientras se niega el derecho a pensar distinto.

La sociedad dominicana tiene derecho a discutir estos temas con serenidad, sin chantaje emocional y sin imposiciones. Los cambios reales y duraderos no se logran con celebraciones mediáticas ni con narrativas importadas que ignoran el contexto local. Se logran con diálogo honesto, con procesos legales claros y con el respeto mutuo, incluso cuando hay desacuerdo.

En LosMacorisanos.com reafirmamos una postura firme defendemos la dignidad humana, rechazamos cualquier forma de violencia o discriminación, pero también defendemos el derecho de la mayoría a preservar sus valores, su marco legal y su identidad cultural.

Una boda no es solo una fiesta. En nuestra sociedad, es un símbolo. Y los símbolos no se imponen; se construyen con consenso.


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