
San Francisco De Macorís/Jose Valdez Los hechos ocurridos el pasado martes 18 de marzo de 2025 en la Regional 07 de Educación de San Francisco de Macorís no solo han sido lamentables, sino que han puesto en evidencia el nivel de deterioro que vive nuestra sociedad y, en particular, el sistema educativo.
La protesta encabezada por miembros de la Asociación Dominicana de Profesores (ADP), lejos de ser una manifestación pacífica en favor de la educación, se convirtió en un escenario de violencia, agresión y desorden que dejó como saldo la muerte de un maestro a causa de un infarto en medio del caos.Es entendible que los maestros exijan mejores condiciones laborales y que el sector educativo tenga necesidades urgentes.
Nadie pone en duda que existen deficiencias en el Ministerio de Educación, escuelas en mal estado y falta de personal docente y de apoyo. Sin embargo, lo ocurrido en la Regional 07 no se trató de una legítima lucha por derechos, sino de una muestra de intolerancia y falta de civismo que avergüenza al magisterio y a toda la sociedad.
Uno de los episodios más indignantes de este suceso fue protagonizado por el presidente de la ADP en San Francisco de Macorís, Robert Frías, quien, en un acto de total irrespeto, golpeó de manera amenazante el escritorio del director de la Regional 07 de Educación, Wilson Ortega.
¿Es este el comportamiento que debemos esperar de quienes tienen en sus manos la formación de las futuras generaciones? A mi entender un maestro debe ser un modelo de disciplina, respeto y valores, pero lo que vimos fue todo lo contrario: una actitud agresiva, desafiante y completamente inadecuada para un líder del magisterio.
¿Cómo es posible que un representante de los docentes, cuya labor es educar y fomentar el respeto en las aulas, se exprese de esa manera? Y me pregunto ¿Qué mensaje estamos enviando a nuestros estudiantes cuando los propios maestros recurren a la violencia verbal y física para imponer sus reclamos?
La imagen de un dirigente golpeando un escritorio, gritando y desafiando a las autoridades no es más que un reflejo de la descomposición social que vivimos y de la falta de liderazgo responsable dentro del gremio educativo.El derecho a la protesta es legítimo y consagrado en la constitución, pero debe ejercerse con orden respeto y responsabilidad.
Lo que debió ser una entrega pacífica de un documento con demandas, terminó en empujones, enfrentamientos con la policía que estaban en el lugar para mantener el orden pero se vio un momento de pánico y agresiones dentro de las oficinas de la Regional 07.
La tensión fue tal que, en medio del caos, un maestro sufrió un infarto fulminante y perdió la vida y la muerte de este educador no puede ser vista como un simple "accidente" dentro de la protesta ni tampoco venir a culpar las autoridades por que eso no es mas que el resultado de la falta de control y de la irresponsabilidad de quienes promovieron un ambiente de hostilidad innecesario.
¿Acaso valió la pena llegar a este punto? ¿De qué sirvió esta manifestación si, en lugar de soluciones, lo que dejó fue una tragedia? Son las preguntas que nos hacemos y quedarán sin respuestas
Es cierto que el sistema educativo necesita reformas y atención urgente, pero la violencia y el desorden no son la respuesta. La ADP, como gremio, debe replantear sus métodos de lucha y actuar con la altura y el profesionalismo que se espera de los docentes.
No es golpeando escritorios ni enfrentando a las autoridades que se lograrán mejoras en la educación, sino a través del diálogo, la planificación y propuestas concretas.Las autoridades también deben asumir su responsabilidad y tomar medidas para evitar que este tipo de situaciones se repitan.
No se puede permitir bajo ninguna circunstancia que las oficinas de Educación se conviertan en campos de batalla y que las protestas terminen en tragedias. Se necesita una reestructuración del sistema educativo, sí, pero también una reestructuración de la forma en que los propios maestros enfrentan sus luchas.
Lo ocurrido en San Francisco de Macorís es una vergüenza para la educación y un llamado de atención para todos. Si los propios educadores no dan el ejemplo de civismo y respeto, ¿qué podemos esperar del resto de la sociedad?
Es momento de reflexionar y exigir un cambio de actitud en el gremio docente. La educación merece algo mejor.