El diputado del jumo el chisme y la lengua suelta que cruzó todos los límites en el congreso nacional

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San Francisco de Macorís/ Jose Valdez,Lo ocurrido en el Congreso Nacional esta semana no pareció una sesión legislativa, sino un chisme político contado como conversación de patio. El diputado del PRM por la provincia Duarte, José Luis Rodríguez, decidió explicar un tema serio con el tono y el vocabulario de quien está más cerca del colmadón que del hemiciclo.

El legislador confesó públicamente que celebró con un “jumo” la salida de varios funcionarios del Ministerio de Agricultura, relatándolo con entusiasmo y palabras impropias de un representante del pueblo.
Pero el discurso no se quedó en el trago ni en la anécdota festiva. La lengua siguió suelta y el chisme creció hasta arrastrar a las madres de los funcionarios mencionados, usando ofensas que nada aportan al debate político.

En la provincia Duarte, donde gritamos mielda pal Licey cuando juegan con los Gigantes del Cibao qué no ganan un solo jueguito lo que realmente corre de boca en boca no es la existencia de una supuesta mafia, sino si al diputado le cancelaron sus dirigentes.

Y como todo un ciudadano me  surge la pregunta que nadie respondió esos dirigentes trabajaban o eran simples botellones con nómina asegurada por mandar a votar por el

Entomces en lugar de aclarar el tema con datos y argumentos, el Congreso terminó convertido en un corrillo nacional, parecido a dos viejas desgranando guandules, cuatro mujeres en un salón o tres doñas de sociedad arreglando el país entre café y comentarios.

La diferencia del chisme es que aquí había micrófonos, cámaras y una investidura que exige respeto por que yo tenia entendido que el Congreso no es ni un salón de belleza ni un frente de una casa ni una terraza de casa de ricos

Lo más delicado del episodio fue cruzar una línea peligrosa la mención ofensiva de madres en este país no a todo el mundo se le puede mencionar la madre que este  viva o peor aun en la tierra de los acostados, ese lugar donde nadie quiere ir, pero de donde nadie puede salir.

Esas madres ofendida a todo pulmon por ese caballero eran funcionarias, no le cancelaron a nadie y no tenían vela en ese entierro político.

Eso no es chiste ni valentía discursiva es una imprudencia que puede terminar en desgracias, porque hay palabras que no se quedan en discursos ni se resuelven con comunicados cuando se toca a una madre, muchos no responden con política, responden con ira.

Si esto es lo que se dice en público, la sociedad tiene derecho a preocuparse por lo que se dice cuando no hay cámaras. Entre jumo, chisme y falta de límites, la política vuelve a quedar mal parada y el Congreso se parece cada vez más a un patio con cuentos que a una casa de leyes.


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