
Convocatoria a huelga el 27 y 28, pegada al feriado del 1 de mayo, genera rechazo en una ciudad que exige trabajar y no ser paralizada.
San Francisco de Macorís/Jose Valdez, En pleno siglo 21, resulta inaceptable que una ciudad completa tenga que paralizarse por la decisión de un grupo reducido que no representa a la mayoría.
El llamado a huelga para los días 27 y 28 vuelve a poner sobre la mesa una realidad incómoda: menos de 50 personas pretenden imponer su voluntad sobre una población que supera los 180 mil habitantes.
Aquí hay que decirlo sin rodeos así como un grupo tiene el derecho de convocar a huelga, el resto del pueblo también tiene el derecho de no respetarla, de salir a trabajar, de abrir sus negocios y de continuar con su vida sin someterse a imposiciones.
No se puede seguir normalizando que cada convocatoria termine en calles militarizadas, comercios cerrados por temor y una ciudad entera en pausa, como si se tratara de una obligación colectiva. La huelga es un derecho, sí, pero no es una orden.
Y mientras se repite este mismo libreto, vuelve la pregunta incómoda: ¿quiénes son los que convocan? ¿Dónde trabajan? ¿De qué viven? ¿Qué producen realmente? ¿Cuál ha sido su aporte concreto a San Francisco de Macorís más allá de paralizarla?
Más cuestionable aún es la coincidencia del paro con el feriado del 1 de mayo, Día del Trabajador. La percepción en la calle es clara esto no parece una lucha estratégica, sino un intento de fabricar fines de semana largos a costa del sacrificio de quienes sí producen.
Porque la realidad es otra cada huelga golpea directamente al comerciante, al motoconchista, al profesional independiente, al estudiante y al ciudadano común que necesita moverse. Aquí los únicos que pierden son los que trabajan.
San Francisco de Macorís no puede seguir siendo rehén de convocatorias que no muestran resultados, que no rinden cuentas y que se repiten sin generar cambios reales.
El mensaje es claro el derecho a protestar se respeta, pero también debe respetarse el derecho de la mayoría a trabajar, a producir y a no detener su vida por decisiones de unos pocos.
