
Mientras la ADP responde con insultos, miles de estudiantes siguen pagando el precio de las huelgas y suspensiones de docencia.
San Francisco de Macorís/Jose Valdez, La reacción del presidente de la ADP en esta ciudad, Robert Frías, contra el diputado Nicolás Hidalgo parece confirmar que algunos sectores prefieren atacar al mensajero antes que discutir el mensaje.
El legislador presentó una propuesta que, guste o no, toca una realidad que miles de padres dominicanos viven cada año las constantes pérdidas de clases provocadas por paros, huelgas y suspensiones de docencia.
En vez de responder con argumentos sobre por qué los estudiantes deben seguir perdiendo horas de enseñanza, la respuesta fue llamar "analfabeto funcional" al diputado. Un calificativo que no resuelve un solo problema de la educación dominicana ni devuelve un solo día de clases perdido a los estudiantes.
La pregunta es simple: ¿quién piensa en los alumnos?
Durante años los dominicanos han visto cómo los estudiantes son utilizados como rehenes en conflictos entre gremios y autoridades. Cuando hay una protesta, quienes pagan las consecuencias no son los funcionarios, ni los dirigentes sindicales, ni los políticos. Son los niños y jóvenes que se quedan sin recibir docencia.
Resulta difícil explicar a un padre trabajador por qué un estudiante debe perder clases mientras el país sigue invirtiendo miles de millones de pesos en educación.
La propuesta de Nicolás Hidalgo podrá ser debatida, modificada o incluso rechazada, pero plantea un principio que gran parte de la sociedad considera razonable: quien no trabaja, no cobra.
Ese criterio se aplica a empleados públicos, trabajadores privados y a la mayoría de los sectores productivos. Pretender que la educación debe estar exenta de cualquier mecanismo de responsabilidad es precisamente una de las razones por las que el sistema continúa acumulando problemas.
Más preocupante aún es que algunos dirigentes gremiales parezcan sentirse más ofendidos por una propuesta legislativa que por los bajos niveles de aprendizaje que reflejan múltiples evaluaciones nacionales e internacionales.
Los estudiantes necesitan maestros en las aulas. Los padres necesitan garantías de que sus hijos recibirán clases. Y la sociedad necesita dirigentes capaces de debatir ideas sin recurrir a insultos.
Nicolás Hidalgo ha puesto sobre la mesa una discusión incómoda, pero necesaria. Y aunque algunos intenten descalificarlo, la realidad es que miles de padres dominicanos probablemente se están haciendo la misma pregunta si los estudiantes pierden clases, ¿quién responde por ellos?
